La esencia del amor.

Hace no mucho tiempo, tuve una discusión con una persona ortodoxa en sus convicciones morales y religiosas sobre si determinadas situaciones y sensaciones eran producidas por la química de nuestro cerebro o eran algo que trascendía más allá de las células y de las reacciones para convertirse en algo más espiritual.

En el calor de la charla, creo que comprendí claramente que sensaciones como el amor, el miedo o la pasión tienen sentido desde la racionalidad de nuestro propio ser, pero no pude desligar esa racionalidad de la química de nuestro cuerpo, o en concreto de la actividad cerebral.

Las sensaciones, lo queramos o no, son la consecuencia de la acción de algunas sustancias en nuestro cerebro debidamente combinadas. Quiero decir que el miedo, el amor y muchas otras cosas se pueden explicar, por lo menos parcialmente, en base a la presencia o no de determinadas sustancias.

Hablemos del amor y de estar enamorado. ¿Por qué nos enamoramos ? No cabe duda de que, en la sociedad en la que estamos, un buen físico, una cara bonita, un buen vestido o una colonia especial pueden ayudar, y de qué manera, a que nos atraiga una persona. Sin embargo, creo que es indiscutible que nos pueden encandilar personas que ni son elegantes, ni guapas, ni estilosas y, sin embargo… ¡tienen algo!

Lo que está claro es que cuando nos enamoramos, ese estado de “imbecilidad transitoria”, que diría Ortega y Gasset, nos altera el ritmo cardiaco, nos sube la tensión y nuestra capacidad física mejora sustancialmente. Todos estos procesos se deben a la liberación de la adrenalina de nuestras glándulas adrenales, pero, ¿quién le dice a las adrenales que secreten más adrenalina?

Parece ser que el elemento iniciador del enamoramiento es una molécula que sintetiza nuestro cerebro que se denomina feniletilamina. Esta sustancia, que presentan además algunos alimentos, se sintetiza en determinadas situaciones. Un roce o una mirada son capaces de producir la síntesis de esta molécula.

Este compuesto es análogo a las anfetaminas y probablemente sea por eso por lo que al estar enamorados tenemos un estado de euforia en donde, además, ocurren estados de vigilia, excitación, taquicardia, enrojecimiento e insomnio.

La feniletilamina no es la única molécula que es responsable del amor y el enamoramiento. Asociado al amor hay otras sustancias que parecen tener una importancia capital. El neurotransmisor serotonina parece que es el más importante en la sensación de apasionamiento más absoluto. No parece raro, pues su carencia produce estados de tristeza, melancolía y depresión.

La hormona vasopresina sería la pieza maestra de nuestra fidelidad a la pareja y que tengamos ojos solo para nuestra ella y no para otras personas. La oxitocina, otra hormona producida por el hipotálamo, parece que tiene que ver con las sensaciones de afecto y cariño, que conjuntamente con las hormonas y transmisores anteriores configurarían el cóctel de ingredientes de aquello que llamamos amor.

No cabe duda de que el amor, o estar enamorado, es una borrachera de sensaciones difíciles de definir que se encuentra asociada a un torrente de moléculas en nuestro cerebro. Pese a que conocemos cuáles son algunas de estas moléculas, no sabemos todavía a través de qué mecanismo una mirada, una caricia o un gesto son capaces de iniciar esta tempestad de sensaciones en unos casos, mientras que son totalmente inofensivos en otros.

Jesús Pinto

Más que Ciencia

Me ha gustado mucho como describes las sensaciones sobre el amor…

Gracias por compartirlo con todos nosotros.

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